Misiones: Ramón Mendez, homenajeado por su trayectoria

Sentado bajo la sombra de un tupido árbol, escuchando a las chicharras de diciembre y a los pájaros que revolotean en medio del tacuaral, Ramón Méndez sigue, al día de hoy, inspirándose poemas que luego convierte en chamamé.

Con más de 250 obras escritas y 50 discos, el artista que está llegando a los 90 años asegura con firmeza que va a seguir componiendo, “porque la música nace de mi alma, porque yo nací para la música”.

Con su atuendo de gaucho y al lado de su adorado bandoneón -el mismo que lo conectó con tantos amigos chamameceros que hoy son leyenda de la expresión-, “El patriarca del chamamé” rememora sus primeros pasos en la música. También reflexiona sobre la importancia de esta expresión musical que es historia viva y forma parte de la identidad de la región litoraleña.

“Yo vivía en el campo, en una estancia cerca de lo que hoy es Itaembé y en el campo siempre tenés que saber por lo menos rasguear la guitarra. Yo amaba la música, todos los días escuchaba chamamé desde mi radio. A veces también venía desde mi estancia hasta el jardín japonés, en Posadas, para escuchar a Cocomarola”, detalló en diálogo con El Territorio.

Siendo niño, Ramón debió hacerse cargo de esa chacra familiar, ya que su padre enfermó y sus hermanas estudiaban en la universidad. Con el tercer grado cursado a medias, el pequeño se encargó de mantener el campo y ayudar en lo que fuera necesario.

Con el correr de los años y una administración aceitada, en sus tiempos libres, Ramón aprovechaba para dejar el campo y conectarse con la música. Venía a caballo a la ciudad para participar de las matinés chamameceras que se hacían en la zona urbana.

Un día, en uno de esos encuentros, “lo veo a Cocomarola tocando en el escenario. Cuando terminó el evento, se pusieron a comer un asado y yo me acerqué al bandoneón, ahí me enamoré inmediatamente”, dijo el artista, que encontró en el instrumento una herramienta para expresarse.

“Para mí la música es hereditaria”, dijo haciendo hincapié en que siempre sintió una conexión especial con ese arte. Sin embargo, ese día, se dio cuenta de que el bandoneón sería su herramienta. “Yo creo que la música no llegó a mi vida, yo nací con eso”, aludió. Desde entonces, comenzó a trabajar con esmero en su carrera artística.

Con el apoyo de su familia, logró viajar a Buenos Aires, en una travesía en tren que le llevó tres días, “porque antes todo era distinto”, recordó.

Ya en la gran ciudad, Isaco Abitbol lo ayudó a asentarse.

Ramón era apenas un adolescente y en ese entonces los menores de 18 no podían ingresar a los salones de baile ni a los matinés, por lo que recuerda que acarreaba el bandoneón de su amigo y así lograba escabullirse y adentrarse en las fiestas chamameceras.

“Fui aprendiendo de los más grandes y así también me fui haciendo mi camino, con trabajo, estudio y esmero”, destacó el artista, que además de compartir escenario con Isaco Abitbol, también tocó con Pichuco Troilo y sus maestros Baffa y Ramón Domínguez (director de orquesta de Radio Nacional).

Pronto empezó su actividad artística para las multinacionales discográficas. También trabajó como actor y musicalizó la película Los Mensú, con Pablo Alarcón y Claudio García Satur. Colaboró además con la investigación histórica del libro Gato moro y su tiempo, el cual fue premiado por la Asociación de Escritores Tradicionalistas.

Recorrió escenarios en distintos puntos del país, así como también en Paraguay y Brasil, entre otros países, compartiendo la música de sus pagos con reconocidos artistas de la expresión.

Ramona Galarza, Jorge Cafrune, Lucas Braulio Areco son algunos de los que se suman a la larga lista de artistas que hicieron música a su lado.

“Hoy sólo quedan recuerdos de eso”, reconoció con nostalgia uno de los pioneros y máximos exponentes del chamamé, que hace pocos días fue declarado Patrimonio Histórico Cultural por la Unesco.

Homenaje

El sábado pasado, en el marco de los festejos virtuales que realizó la Secretaria de Cultura de Misiones por la declaración de la Unesco, se llevó a cabo también un homenaje al gran Ramón Méndez.

Su trayectoria, aporte y destacada labor para llevar al chamamé a lo más alto fueron reconocidas en la edición de “De Misiones al Mercosur” emitida desde el Centro Cultural Vicente Cidade y transmitida, vía streaming.

Ramón, agradecido, destacó que “la música no tiene límites ni fronteras, es universal, es la elevación del alma”.

FUENTE: El Territorio por Belén Sapaciuk

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s