El arte de los plateros en San Antonio de Areco y General Madariaga

Un acercamiento a este oficio tradicional que es parte de la identidad de estas ciudades bonaerenses.

Obras de platería criolla de Hugo Gassioles, en General Madariaga. Foto: Turismo de la Provincia de Buenos Aires

Rastras, cuchillos, hebillas, mates y bombillas son algunas de las piezas que llevan el sello de la platería bonaerense de raíz gaucha. Los plateros transmiten con su arte la identidad de este oficio que cautiva y que es parte del acervo cultural y turístico.

Una escapada a San Antonio de Areco o General Madariaga, por ejemplo, permiten un acercamiento a esta tradición. Como muchos destinos del país, para visitar estas ciudades es importante tramitar el Certificado Verano que permite circular.

Entre museos y talleres

A 113 kilómetros de la Ciudad de Buenos Aires, San Antonio de Areco es conocido como la “Cuna de la tradición”, concentra la mayor parte de maestros consagrados de la platería criolla y alberga, además, el Museo Gauchesco Ricardo Güiraldes Con su rico patrimonio vinculado al gaucho, sus usos y costumbres y la vida de campo, el museo reabrió a mediados de diciembre. Funciona de viernes a lunes, de 11.15 a 16.30, con recorrido libre y hay visitas guiadas a las 11.30 y a las 15. En estos tiempos, para ingresar hay que registrarse, usar barbijo, sanitizarse las manos y mantener la distancia.

Juan José Draghi, considerado uno de los refundadores de la platería tradicional, legó la pasión por este arte a sus hijos Juan Patricio y Mariano, quienes se criaron entre crisoles, limas, bruselas y fundentes: el arte forjado con estilo propio, pero siempre desde el espíritu criollo.

La familia tiene su museo (actualmente cerrado por obras) y cada uno de los hermanos, su taller de platería en la ciudad. “Siento que no podría vivir sin intervenir el mundo material de la manera que sea, martillando un metal, tallando una cera para un modelo en serie o trabajando la madera”, dice Juan Patricio.

En su taller se puede ver una amplia variedad de objetos vinculados a la ‘joyería de diseño’ o ‘hecho a medida’ y también platería gauchesca, civil y algo de liturgia. “Me fascina la posibilidad de lograr algún tipo de valor funcional y estético donde sólo hay material en bruto”, agrega.

El artesano destaca los recuerdos que marcaron su infancia. El negocio familiar, el olor a sulfuro que enrarecía el ambiente, la resina caliente que cubría una pieza para después ser decorada y más tarde el sonido del martillo y el cincel sobre la plata como inicio de “un momento completamente hipnótico”, describe.

Actualmente, San Antonio de Areco es reconocido como un polo generador de cultura e identidad. “Sigue creciendo como destino de turismo rural, para vacacionar, pasar un fin de semana, escapar del estrés o disfrutar de los espacios verdes y el ritmo de un pueblo que legaliza el intervalo sagrado de la siesta”, afirma el artesano.

Y la platería se volvió una especie de imán, ya que reúne a varios plateros destacados además de los hermanos Draghi, como Diego Solís, Maximiliano Rodríguez y Gustavo Stagnaro, entre otros.

“La semana de la tradición, previa al 10 de noviembre, es un gran evento para toda la comunidad y concentra gauchos, tropillas, jinetes, diplomáticos, referentes políticos, extranjeros, periodistas y una

multitud que llega para ver el desfile, las destrezas en el Parque Criollo Ricardo Güiraldes y la gran producción artística que ofrece nuestra comunidad”, explica Patricio.

Cerca del mar

General Madariaga, a 30 kilómetros de Pinamar, también es un lugar reconocido por el arte de la platería. La ciudad tiene su Mercado de la Estación, con una variedad de productos locales como miel, chacinados, dulces caseros y más. El mercado -la última fecha de diciembre fue el pasado sábado 19- retomará en enero en el Puesto La Invernada, en el Paseo del Bicentenario, en la estación de tren, en la Delegación Sur, y seguirá desplegándose todo el verano en distintos puntos de la ciudad.

También en enero reabrirá el taller de platería El Mojón de Hugo Gassioles, exponente de la orfebrería tradicional.

“Desde muy chico tallaba en madera y veía a la platería como algo muy lejano”, cuenta Gassioles y agrega: “Nunca me había acercado a un taller de platería, y por motivos económicos comencé a trabajar la plata. Hablé con un amigo de Azul que me enseñó en un fin de semana, lo que se puede aprender en dos días. Volví al pago y comencé con un soplete, un arco de sierra y lo básico. Desde entonces no paré”, relata, al tiempo que destaca la labor de la familia Draghi en Areco, quien fue preparando muchos plateros.

Para Gassioles, la platería tradicional o gaucha es un gran motor del turismo regional, sobre todo porque el pueblo puede significar una parada obligada para quien vacaciona en la costa: “Creo que es un atractivo turístico para la zona. Hace muchos años peleaba para que Madariaga tuviese una escuela pública de platería, siempre nos llamaron Ciudad Gaucha y no había artesanos de la cultura criolla. Me imagino este lugar como polo de la platería”, expresa, y agrega que la platería “es un oficio que se aprende de a poco”, que requiere algo de conocimiento de dibujo, pero todos podemos hacer trabajos”.

FUENTE: Diario Clarín

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