Sentido homenaje a Juan Carlos Cupaiolo

A un año de su partida física, recordamos al hombre, al querido cantor compartiendo la nota que hicimos allá por marzo de 2019 y que él disfrutó mucho. ¡Siempre en nuestro corazón Maestro! A su memoria.

Juan Carlos Cupaiolo, el cantautor enamorado de la Provincia de Bs As

Por Marcela Espinosa

Con un estilo particular e inconfundible Juan Carlos Cupaiolo cuenta con una larga trayectoria, recorriendo festivales y caminos camperos, llevando su canto de tierra adentro. Revalorizando el sentir del hombre de campo bonaerense, con destacadas composiciones, como: “Sin mirar pa´ tras”, “Bayo viejo”, “No sé qué tiene la noche”, “Un amor que no fue”, “Si te preguntan por mí”, “La sin nombre” grabada por Los Fronterizos, Argentino Luna y Raúl Palma.

Hombre sencillo que aprendió observando las cosas simples de la vida y a los grandes de la música folclórica. En una entrevista exclusiva con El Chasqui Cultural, esto nos decía:

¿Hombre nacido en Avellaneda, pero enamorado del campo y la costa bonaerense?

—Así es. Me fui casi a los 11 años, porque una hermana mía fue a trabajar con una abuela que era cocinera en un hotel de Mar de Ajó. Al tiempo se hizo de novio, mi hermana, y se hizo el casamiento como lo hacen los paisanos. Mucho asado, mucho lechón. Nosotros fuimos toda la familia. Y yo empecé a encontrar todo lo que quería encontrar, que era campo, paisanos, vacas, caballos.

¿Se considera un afortunado de haber encontrado su lugar en el mundo desde tan chico?

—Sí, creo que sí. Yo trabajaba con mi papá, con carro y caballo, vendíamos verduras. Me llevaron una semana a pasear al campo, me quedé un año y no me quería venir.

¿Cómo fueron esos primeros tiempos?

—Estuve en la estancia La Victoria, en Mar de Ajó, en el puesto Sarandí. Con la familia Pastorino. Y anduve por todos lados. Conozco bastante, gracias a Dios, la provincia de Buenos Aires, pero aquella parte del Tuyú la conozco mucho porque me empecé a juntar con los paisanos del campo. Íbamos a una yerra o alguna fiesta y cuándo no había una guitarra para cantar un poco.

¿Cuándo empezó en el camino de la música?

—Y así, andando, “Decíle al Cupa que venga, que vamos a comer un asado” y así empecé. En el año 1979 fui a Cosquín representando a Madariaga. La verdad que me ha ido bien, no me puedo quejar. No voy a decir que me sobra trabajo, pero tampoco me falta.

¿Usted se define cómo cantor surero o cómo un cantautor bonaerense?

—Yo soy un cantautor bonaerense. Un cantor surero tiene cosas muy especiales. Yo canto mucha milonga, vals, zamba paro también canto algunas cosas que por ahí no corresponden al canto surero, pero lo defiendo mucho, porque sé que la gente que canta de parte del sur, somos todos iguales, defendemos nuestra tierra, nuestra Argentina. Sin despreciar a nadie ¿no? Pero a lo mejor es un canto más tranquilo, sin hacer tanta bulla, pero es lo mismo. Pienso que tanto en Santiago del Estero, Tucumán, La Rioja, San Juan, Mendoza, cada cual en lo suyo, la gente de nuestro país tenemos la mejor predisposición del mundo de defender a nuestra tierra y defender el lugar de dónde somos, de dónde venimos, para qué venimos y para qué estamos.

¿Cómo ve la música folclórica en la actualidad?

—Estoy contento porque uno anda por muchos festivales y ve a mucha gente. A los jóvenes por ahí les falta tener un poquito más de cultura criolla, que a veces no es culpa de ellos, porque nosotros venimos de la familia que nuestros propios padres nos enseñaron la cultura, quieren a los próceres, quieren a San Martín. De cualquier manera, los chicos jóvenes vienen haciendo mucha fuerza con el folclore. Hay que darle apoyo, hay que ayudarlos, para que sigan, para que el día de mañana que nosotros ya no estemos, sigan ellos. Tienen que seguir.

Usted es dueño de un estilo muy particular ¿Cómo lo fue logrando?

—Yo creo que fue desde el principio, siempre canté igual. Disfruto mucho cuando canto, lo que digo me gusta, por eso lo defiendo tanto y lo digo de corazón. El día que no pueda interpretar lo que hago, le dejaré el lugar a otro como debe hacerse. Yo fui formándome muy solito. Mirando a los demás, andando por muchos lugares, teniendo el apoyo de toda mi familia, los amigos, aprendí de lo bueno y de lo malo. Hay que saber diferenciar. También aprendí mucho de los grandes. Tuve la suerte en el año 1979 cuando fui a representar a Madariaga a Cosquín, un día un amigo me dijo: “Vení te voy a presentar a una persona” y esa persona era Atahualpa Yupanqui. Estábamos en el predio de Cosquín, yo me senté medio de costado, porque no podía creer lo que estaba viendo. Lo escuché hablar con la gente, con los colegas de él, como Los Tucu Tucu, Daniel Toro, El Chango Nieto. Cuando Yupanqui hablaba se producía un silencio solo, porque el hombre tenía una manera de contar y de hablar que solo iba creando su propio silencio. Para mí fue muy importante por muchas cosas que dijo, entonces empecé a formar mi propio repertorio, empecé a escribir y así fui creciendo, gracias a Dios, y sigo en lo mismo, es lo que me gusta, es lo que elegí.

¿Qué cosas lo conmueven, qué le da inspiración para componer?

—Las cosas de la vida. Principalmente el amor, pero el amor a todo, no solamente a una mujer. También el amor a un caballo, a un perro, a una nube, un paisano arando, un paisano que pasa a caballo con un buen “recao”. Esas cosas me inspiran, y llegan solas. A veces para bien y a veces para mal, porque también duele. “Sabe doler” como dicen algunos.

¿En el año 2018 fue nombrado Ciudadano Ilustre en Villa Gesell?

—Sí tuve la suerte, después de algunos años de compartir con gente de cultura. También estoy en el Centro Tradicionalista, me gusta andar desfilando, andar con los caballos, así que es una satisfacción no solamente cantar.

El público lo quiere mucho ¿Cómo vive el contacto con la gente?

—Yo lo vivo con mucho cariño y respeto. Porque creo que los que nos dedicamos a esto nos debemos al público, son ellos los que pagan la entrada para que nosotros sigamos andando y trabajando. Y es el público, con su apoyo, el que le da a uno la posibilidad de que siga en esto que quiere tanto. A mí me enseñaron así, a respetar a la gente y me va bien, no voy a cambiar ahora, voy a seguir como soy no más.

¿Cómo hace un cantautor como usted, que se encuentra por fuera del circuito comercial para difundir su trabajo?

—Yo creo que es la misma gente la que lo pone en el lugar que uno tiene que estar o no tiene que estar. La difusión a veces va de boca en boca, porque la gente lo dice, cuando uno canta con el corazón y le transmite al otro lo que quiere decir, creo eso tiene mucho poder. Y es lindo porque uno vuelve a su pago, a sus cosas, y se acuerda, estuve aquí, estuve allá y uno conoce gente que después la vuelve a encontrar, y así es la vida del artista, así me ha ido bien y no voy a cambiar. Por más que me vaya diez veces mejor que ahora, voy a ser el mismo Cupa de siempre.

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