Luisa Calcumil y la voz de las mujeres de la Ñuke Mapu

Miembro de la comunidad mapuche, Calcumil se transformó en una de sus representantes más queridas, ya que le dio cuerpo y voz en cada una de sus obras culturales.

Luisa Calcumil una mujer profunda, humilde y sensible, durante la charla pude apreciar su amor por la tierra y el respeto que tiene por el saber de las Abuelas. Con sus 70 años sigue trabajando en lo que más le apasiona, el teatro y la música. Su mensaje es de testimonio de vida, con el compromiso de no callar su origen, su identidad y fortaleza espiritual.

Luisa me recibió vestida de Pollera con su camisa Kalfu/azul, el azul es color sagrado para los mapuches, porque representa el wenu mapu, el lugar del cielo. Muy atentamente me invitó a pasar, me convido un vaso de agüita bien fresca y algunos bocadillos. Charlamos de varios temas, nos regaló algunos cantos en lengua, comparto parte de una entrañable tarde en esta entrevista:

¿Cuál es su mirada de este tiempo?

—No sé si tengo autoridad espiritual o intelectual, para decir cuál será la solución. Pero puedo decir como mujer que esta situación que hoy está pasando, nos está diciendo “paren un poco” es un llamado de atención si no lo atendemos y si no nos interpelamos entre nosotros, si no nos interrogamos, si no nos consultamos entre nosotros va ser muy difícil, se vienen tiempos con grandes dificultades y va requerir que debamos ser humanos. El ser humano tiene un gran potencial que debemos desarrollar y va a tener que ser no solamente espiritual, sino concreto en acciones y donde debamos entender extender la mano al otro para ayudar a solucionar lo que le está pasando al otro hoy de manera desesperada.

¿Qué le dejaron las abuelas?

—Las abuelas me dejaron mucho cariño, picardía y ejemplos, las abuelas, las kushé papai, las mamitas las ñañas…a las ancianas la vida las hizo valientes pícaras y las hizo respetuosas y también alegres. Las abuelas siempre que tocaron a alguien dejaron conocimiento y bondad. Me enseñaron a cuidar a los animales, las plantas, los astros, los pensamientos sobre todas las cosas. Tengo todo lleno de recuerdos de las abuelas, de mi mamá recuerdo a una mujer solidaria aún en su humildad siempre en mi casa había un plato o un lugar para alguien para pasar la noche ese era el modo de mi madre y de mi padre, es eso son mis recuerdos. Un matrimonio alegre sin hipocresía y cuando se podía se podía y hoy acá en este barrio donde siempre viví y vivieron mis padres decidí quedarme. Este es el barrio San Martín de gente linda por eso nunca me fui.

¿Qué significa el Canto en su vida?

—El Canto es importante en la vida, tenemos el canto espiritual, el canto picaresco dentro de la cultura mapuche, sabemos que en cada cultura tiene su forma normas y herencias en los modos de cantar.

En el caso de la cultura mapuche el canto lo hace la mujer, en ella está la responsabilidad del tahil, los hombres hacen el canto improvisado llamado ulkantun, el romanceo cómo se le dice. Esos conocimientos lo transmiten las abuelas cercanas, ese tipo de vivencias son las que van tejiendo para que en algún momento esas dos mujeres en el intercambio puedan pasarse conocimientos o delegar en ellas un conocimiento. Parte de nuestra historia originaria, esa es la base de nuestra cultura, la bondad, la generosidad, una mente limpia, un ánimo sano genuino, yo creo que no se va a terminar la cultura porque el espíritu sigue, el latido está, las ganas de ser laboriosos e impecables.

Si tenemos tiempo, espacio y salud con eso podemos construir y ser un puntal para nuestra cultura. Para nuestros hombres, para nuestros niños, nuestras muchachas y para dejar algo para adelante algo que le sirva que no sea algo que se pierda en la vida ¿Saben por qué? Porque fundamentalmente es una cultura que siente la importancia del sentido de la existencia y eso no tiene precio y así viaja el canto viaja, bien lejos y se queda.

Mujer y Canto sanación del Alma

—Para toda mujer es posible el canto con experiencia, nuestra sensibilidad, estaría bueno que no la perdiéramos, esa hermosa posibilidad de que los hijos no se escuchen cantar. Hoy tengo 70 años y recuerdo a mi mamá y ella se pone a cantar Debemos apagar la televisión los celulares y que los que los hijos escuchen los cantos las conversaciones, es tiempo de contar algo de los que nos pasa, o algo que en la vida nos asombra, porque esos son puntales que vamos teniendo nuestra impronta. Nosotros podemos dar cuenta de las experiencias o de saber cómo celebraban antes sin comprar tanto sin aparentar tanto y con tanta sensibilidad se armaba una fiesta, como también se armaba una ceremonia de alguien que había fallecido. Antes todos colaboraban sin tanto discurso sin tanto alarde.

Desde esos lugares con más silencios con más observación, hoy yo puedo decir sinceramente que fueron momentos de mucho aprendizaje y de mucho respeto de mucha condición humana.

Lo que la cultura entrega en el día a día

—Hay expresiones de carácter popular y expresiones que llaman la atención. Hay cosas que no están en internet están en la conversación con nuestros hermanos, con nuestras hermanas nuestra gente, nuestros pensamientos en la relación con nuestros mayores ellos no son atrevidos, ni jactanciosos. En la conversación se empiezan a recordar y empieza a salir la memoria y la expresión, ahora todo se resume tan rápidamente en la tecnología, todos están tan apurados que la gente ya no da lugar, no alcanza, tiene una limitación muy grande y ese mensaje, ya no tiene mirada, no tiene palpitar, no tiene latido, no tiene ese sentir de cuando se habla con el corazón.

¿Qué falta hoy en la educación?

—Hoy hay que parar la ansiedad, creo que en algún momento va a empezar a suceder esto que nosotros anhelamos, es algo indispensable, yo tengo esperanza no porque considere que a la mujer superior que el hombre, sino porque es la gran tarea de decirnos, con conciencia, coraje y parar el tiempo un poquito, la ansiedad, no sé porque, pero quiero que me escuches. Quiero decirte que te quiero…

¿Cuáles son sus ceremonias?

—Nosotros celebramos las ceremonias del Nguillatún o Camaruco, que es una de las más importantes que se hace en Neuquén, Chubut, y Rio Negro, y creo que en la Pampa se hace también.

Para esta ceremonia se requiere fundamentalmente el idioma, nuestra lengua el mapudungun, para realizar los ruegos, para cantar el Tahil sagrado, las abuelas y mamitas han dejado herencia en sus hijas o alguna sobrina o amigas. La verdad sería bueno que se realizara de manera genuina y seguir manteniendo nuestro espíritu, como gente del campo, paisanos, la palabra paisano es una palabra amorosa de respeto. Estar en equilibrio con la Mapu, con la tierra.

Nos quedan en la memoria las palabras de Luisa “paremos el tiempo, para decirnos te quiero” Nos estamos desconectando de la naturaleza, es tiempo de volver a sembrar palabras de Munay/ amor, tiempos de volver a la medicina de las abuelas, la medicina del Canto. Cantemos a los hijos y restauremos el equilibrio de nuestra propia naturaleza, el de ser los Hijos de la Tierra.

FUENTE: El Orejiverde. Por Amalia Vargas. Pukio Sonqo

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