Carlos Vega el recolector de melodías

Nacido en Cañuelas, en la provincia de Buenos Aires, el 14 de abril de 1898, el poeta y compositor argentino Carlos Vega es considerado el padre de la musicología argentina.

Montados en autos, mochilas, mulas o caballos, con los fonógrafos mecánicos, eléctricos a batería, y en los últimos años grabadores de cinta magnetofónica, Vega realizó entre 1931 y 1965 setenta viajes por la Argentina y sus países limítrofes. Buscaba melodías en las memorias y en las voces vivas de los territorios.

La etnomusicóloga Isabel Aretz, la pianista Silvia Eisenstein y el investigador Lauro Ayestaran, fueron sus principales colaboradores. Junto a ellos, Vega recorrió geografías escondidas de las provincias argentinas, registrando en ese andar los cantos populares de los baqueanos. Compiló 1700 discos grabados sobre diferentes soportes, como cartón parafinado, acetato, celuloide y cintas magnetofónicas. Esos documentos sonoros se acompañan de un abundante registro fotográfico y de fichas y cuadernos donde Vega apuntaba día, lugar, género y compositor.

Motivado por conocer de dónde venía la música argentina, el veinteañero Carlos Vega empezó a trabajar ad honorem en la sección de arqueologia y etnografia del Museo Argentino de Ciencias Naturales “Bernardino Rivadavia”. Años más tarde, en 1930, su desvelo por el tema lo llevó a crear el área de musicología andina del museo, y su gran proyecto de recopilación de la música tradicional argentina comenzó a andar.

Ricardo Rojas fue una importante influencia en sus investigaciones. Lo introdujo en el mundo del folclore y lo llevó a poner en diálogo perspectivas de investigaciones bajo la impronta del pensamiento “euríndico”, que plantea la fusión entre los valores culturales europeos con los de las naciones indígenas.

Vega pasaba sus días entre mundos que entrecruzaba: la organización de sus viajes de recolección de la música tradicional oral y el estudio los códices medievales, dando forma a su teoría de transcripción, en notación moderna, de los cientos de melodías que recogía en sus trabajos de campo.

Sus estudios sobre los orígenes de las danzas, la historia de música vocal e instrumental o la variedad de instrumentos musicales, no fueron teorizados por Carlos Vega en el contexto de ejecución en el que se desarrollaban esas experiencias musicales, sino que se centraban en los objetos y productos sonoros. Por tal motivo, la mayoría de los registros de campo eran producto de sesiones organizadas fuera del contexto cotidiano.

Gracias a las fotografías y cuadernos de campo, en donde dibujaba un mapa, las vestimentas de los bailarines, o apuntaba algunas características de las viviendas de cada poblado, hoy se pueden conocer algunas referencias sobre la vida diaria de aquellos ancianos que compartieron sus memorias y sus melodías.

La documentación completa de sus viajes se conserva en el Instituto Nacional de Musicología Carlos Vega.

FUENTE: Ministerio de Cultura de la Nación

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