Formosa: Leyenda de la Lluvia

En los inicios de los tiempos la lluvia existía sólo donde vivían los dioses, en lo alto del cielo ,no llovía aquí en la tierra y las personas, aunque había ríos, riachos, lagunas y esteros querían la lluvia, la necesitaban porque eran agricultores y sembraban la tierra y por ello, se reunieron para ponerse de acuerdo sobre cómo traer la lluvia aquí a la tierra.

La tortuga se ofreció y subió al hogar de los dioses, entre las nubes, y les pidió que por favor, enviaran la lluvia a la gente, los dioses le respondieron que no había problema, lo único que debería hacer es mostrarle el camino a la lluvia, guiarla hacia aquí. Pero la lluvia puso una condición:

– Llegaré hasta donde te alcance, tortuga. La lluvia sabía que la tortuga caminaba muy lentamente, por eso le dijo para alentarla:

– Te daré un poco de ventaja, luego te alcanzo.

La tortuga se propuso correr lo más veloz posible para que la lluvia no la alcanzara, pero a pocos pasos la alcanzó, y hasta allí llegó. La tortuga, muy triste, regresó con la gente y les dijo:

– Los dioses sí me dejaron traer la lluvia, pero pronto me alcanzó y sólo la llevé un corto tramo.

A pesar del fracaso de la tortuga, los campesinos no se dieron por vencidos y decidieron enviar a otros animales más veloces.

Entonces, mandaron al ñandú y al guazuncho, al aguará, al puma y a muchos animales, pero la lluvia los alcanzó mucho antes de llegar a la tierra. Y cuando ya no había esperanzas que lloviera la rana se ofreció como voluntaria.

– ¡Yo iré con los dioses y traeré la lluvia!, afirmó convencida.

Antes de partir, la rana reunió a todas sus compañeras y las convenció de que, para poder traer la lluvia hasta aquí deberían repartirse por todo el camino, y también que, si la lluvia la alcanzaba, la que estuviera adelante debía croar para que la lluvia la siguiera. Las ranas aceptaron encantadas y así lo hicieron. La rana fue con los dioses y les dijo:

– He venido por la lluvia.

Ellos le contestaron como lo habían hecho con los otros animales.

– Puedes llevarte la lluvia, pero hay una condición, debes guiarla por el camino y llegará hasta donde te alcance.

– ¡Así lo haré! – dijo la rana, y se fue saltando y croando para que la lluvia la siguiera. La lluvia estaba tan ocupada tratando de alcanzar a la rana, que no se daba cuenta de que cuando casi la alcanzaba, otra rana más adelante croaba y debía seguirla, así las ranas trajeron la lluvia hasta la tierra.

Por esta razón se dice, que cuando llueve, se escucha mucho el croar de las ranas para recordarnos a los humanos que fueron ellas las que trajeron la lluvia a la tierra por primera vez.

FUENTE: Región Litoral

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