Historia de los primeros pobladores de la Comarca Andina

Aún, cuando hoy es una huella casi imposible hasta para los propios arrieros, a principios del siglo XX había un camino consolidado desde El Manso hasta Cochamó, que incluso llegó a contar con telégrafo, construido por una compañía comercial chilena que compraba los animales a los hacendados argentinos y desde su almacén de ramos generales los abastecía para todo el año.

Fuente: http://lugaresysaborespatagonicos.blogspot.com/

No obstante, aquellas tropas de vacunos que salían de Cholila, El Turbio o El Hoyo, demandaban más de un mes de esfuerzo, pérdida de animales y caballos agotados en largas jornadas cruzando ríos, trepando montañas, atravesando bosques o soportando lluvias y nevadas.

Una anécdota significativa –transferida desde los pioneros por cinco generaciones-, recuerda que “hasta la década de 1920, en la Comarca Andina era normal que circulara la plata chilena, toda vez que había más comunicación con la gente de Cochamó que con la costa chubutense”.

Según los vestigios de pinturas rupestres, dicho corredor fue usado por los tehuelches de la Patagonia hace más de tres mil años, en su derrotero habitual desde el océano Pacífico a la meseta en búsqueda de animales de sangre caliente.

Con el tiempo, fue la puerta de entrada de la colonización que pobló los valles cordilleranos de El Bolsón y el noroeste del Chubut. Al principio, se trataba de crianceros chilenos que buscaban mejores campos para sus vacas, jaqueados por su propio gobierno interesado en correr la frontera sur para dar espacio a la corriente de inmigrantes europeos que terminaron ocupando buena parte del espacio entre Valdivia y Puerto Montt.

Según su testimonio, se trataba de tierras sin ocupantes y muchas veces no sabían con exactitud “de qué lado del límite estaban”. Cabe recordar que pocos años atrás había terminado la “Campaña del desierto”, desplazando a las tribus indígenas que por siglos habían mantenido el control del territorio. Hasta ese momento, los gobiernos de Argentina y Chile no habían fijado políticas de soberanía en el sector andino comprendido desde el centro del Neuquén hasta Santa Cruz.

Según refleja Naco Sales en su libro “El Bolsón de antes”, aquellos primeros pobladores “al principio levantaban ranchos muy elementales, prácticamente refugios. Los construían con el sistema de palo a pique: se hacía una zanja y se iban colocando los postes, canteados y labrados a hacha, uno encima del otro. Las paredes se calafateaban con greda o barro para sellar las juntas e impedir el paso del viento y el frío”.

El techo “generalmente era de juncos o carrizos. Se armaban manojos apretados con sogas y con dos buenas corridas de esas no les pasaba el agua”, asegura. En tanto, “el piso era de tierra apisonada. Adentro había un fogón y encima se hacía abertura techada para que salga el humo”.

También destaca que “los primeros colchones se hacían con arpilleras o telas que podían conseguir y se los rellenaba con paja de trigo o de arvejas. Se los llamaba payasas”.

Actualmente, desde El Manso hasta Cholila, perduran aquellas antiguas casonas que reemplazaron a los primitivos ranchos. Fueron levantadas una vez que los pioneros se establecieron definitivamente y pudieron traer a sus familias (siempre numerosas).

La historia ubica a Pedro “Motoco” Cárdenas como el primer poblador de la región andina. Se estableció en Lago Puelo y ya en 1894 sembró las semillas de trigo que había traído en sus alforjas. El censo nacional de 1895 determinó que todo el territorio de Río Negro tenía 9.241 habitantes, mientras que el Departamento Bariloche –incluyendo El Bolsón- contaba con solo 195 pobladores. “De los cuales, 73 llevan apellido aborigen, pero ninguno vive en toldo”, aclara.

De igual modo, Naco Sales señala que “los primeros álamos y frutales los trajo con Bernardo Azocar, quien llegó a El Hoyo en 1895 con su esposa María Magdalena Lobos y fue la primera mujer blanca en la zona”.

Una carta

“En esos años, conseguir una mujer acá, en la cordillera, era como bajar una estrella del cielo”, reflejó en una carta Pascual Sabalza, un vasco radicado en Ñorquinco, quien escribió a don Bernardo Azocar (a quien solo conocía por referencias), pidiéndole una de sus hijas para casarse. Azocar aceptó el pedido y cabalgó hasta El Hoyo para conocerla…, aunque acompañado por su hermano Juan. Fue entonces que el matrimonio de colonos se quedó solo, pues los jóvenes enamoradizos se llevaron a las dos mujeres solteras de la casa.

FUENTE: Noticias del Bolsón

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