“El Cuchi, aromas de Salta” un espectáculo que homenajeó al Cuchi Leguizamón en Mendoza

De los artistas de folklore que ha dado el suelo norteño, pocos son tan queridos, entrañables y recordados como Gustavo Cuchi Leguizamón, eximio compositor que anoche tuvo un destacado homenaje a cargo de Andrés Iacopini y Ricardo Riquero, quienes no solo pusieron su voz, sino que también son los guionistas del espectáculo “El Cuchi… aromas de Salta”, se presentó ayer a las 21hs, en la Nave UNCuyo, Mendoza. Además, la puesta contó con la presencia de Erica Golvas (percusión), Diego Ferreyra (guitarra), Quique Nomberto (teclados), Walter Sabbatini en bajo y arreglos musicales, y Alberto Piantino en el papel de Leguizamón.

El recordado artista fue a la vez un hombre polifacético, que cantó con el coro universitario, jugó rugby, fue profesor de historia y filosofía, diputado provincial, y ejerció durante treinta años la abogacía, hasta que decidió abandonar.

Una de las voces del espectáculo, Andrés Iacopini, contó “Es un recorrido por gran parte de la obra de El Cuchi, excelente pianista y gran compositor de obras que han quedado como un legado y un patrimonio de la música popular, folclórica y nativa argentina”. En relación a la idea de plantear este espectáculo, Iacopini detalló que “Ricardo Riquero planteó hace varios años una puesta artística en reconocimiento a su obra, donde somos dos cantantes y un actor que personifica al Cuchi”.

Entre canciones y melodías aparecen aquellas referidas a quienes le fueron cercanos al músico: el “Barba” Castilla, el panadero Juan Riera, el leñador Maturana, la pastorcita Eulogia Tapia, entre otros. El repertorio de temas elegidos para esta ocasión también contó con aquellos temas de personajes de fábula que él siempre se encargó de mantener vivos en el imaginario popular.

El Cuchi Leguizamón, desde su Salta natal logró fusionar el folclore con otros ritmos, manteniendo la esencia en cada uno y, de este modo, musicalizar leyendas y personajes, a la vez que, a través de sus letras, exponía situaciones de injusticia a las que se veían sometidos los mineros, zafreros, cuatreros o ladrones de gallinas, tal como que describe en la “Chacarera del expediente”.

La historia familiar remite el sobrenombre “Cuchi” a una anécdota protagonizada por su madre: En quechua cuchi significa chancho. En Salta no se le otorga un significado peyorativo a la expresión. Cuando tenía apenas meses de vida a su madre le preocupaba la delgadez de bebé. En esa época le ofrecieron unos chanchos para ver si podía comprarlos, pero al verlos muy delgados, exclamó: “¡Pero están flacos como este cuchi!”, mirando a su hijo.

“La base musical es tremenda, y está dirigida por Walter Sabbatini, que está también en el bajo; Quique Nomberto, músico peruano, nos acompaña con los teclados; Diego Ferreyra es un gran guitarrista uruguayo, además de bailarín; una gran percusionista y multiinstrumentista de ALvear, Érica Golvas”, detalla Iacopini.

La propuesta fue contar el origen mediante la personificación del Cuchi, “las historias de cuándo nacen estas canciones, muy populares que están en el inconsciente colectivo y muchas veces no se sabe que son del Cuchi”, agrega el cantante, en lo que describe como una puesta de historias que invitan a escuchar, ver y oler anécdotas, textos, canciones, historias románticas, divertidas, de carácter histórico referencial, descriptivas de paisajes y de situaciones cotidianas.

“La Arenosa”, “Juan Panadero”, “Chacarera del expediente”, “Carnavalito del Duende”, “Zamba de los Mineros”, “La Pomeña”, “Si llega a ser Tucumán” y “Serenata del 900″ son algunas de las canciones que recorrió el ensamble de artistas mendocinos, para revitalizar la poesía y melodías que marcaron a nuestro canto popular.

Cuchi Leguizamón fue ferviente admirador de músicos clásicos como Johann Sebastian Bach, Gustav Mahler, Maurice Ravel, Igor Stravinsky, Arnold Schönberg y sobre todo de Beethoven, al que definió con sabiduría como “definitivo”. A la vez profesaba una debilidad especial por brasileños como Chico Buarque, Milton Nascimento, Vinicius; y jazzistas como Ellington.

El punto de contacto que tiene con nuestra provincia es la unión que hace con nuestro Armando Tejada Gómez para perfumar con música a “El canto popular de las comidas”: esa antología culinaria inolvidable de nuestro poeta. Todo esto se descubre en esta obra entrañable que nos acerca a un mundo imaginario donde transita el Cuchi rodeado de duendes que dan vida a su trabajo.

Componía algunas de sus obras a la medida de la interpretación del Dúo Salteño, con quien mejor acuñó las disonancias de sus melodías. Ganó numerosos premios, entre los que se cuentan el Premio SADAIC y Premio Fondo Nacional de la Artes. Compuso una obra que Virtú Maragno estrenó con la Orquesta Sinfónica de Santa Fe: es su Preludio y Jadeo. Compuso la música para la película La redada – 1997, dirigida por Rolando Pardo, en la que además interpreta como actor a Picaflor.

Además, les puso música a poemas de escritores de la talla de Manuel Castilla, formando con él uno de los dúos de compositor-escritor más respetados e interpretados del folclore argentino. Compuso con poetas como Jorge Luis Borges, Pablo Neruda, Jaime Dávalos, Armando Tejada Gómez, Raúl Araoz Anzoategui, Jacobo Regen, Juan Carlos Dávalos, Miguel Ángel Pérez y Hugo Alarcón.

Prolífico compositor, Cuchi Leguizamón se pronunció a sí mismo como enamorado de la baguala: “Toda gran zamba encierra una baguala dormida: la baguala es un centro musical geopolítico de mi obra”, dijo alguna vez. Dejó un legado de más de 800 obras entre zambas, chacareras y vidalas.

FUENTE: Los Andes por Carina Bruzzone

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