Se estrena un documental sobre el Cuchi Leguizamón

No hay mucho material disponible del Cuchi Leguizamón, uno de los artistas populares argentinos más singulares e inasibles. Desde hoy esa falta se verá parcialmente mitigada por el documental “Gustavo Leguizamón, creando la tierra” de Claudio Koremblit, cuyo eje es la visita del artista salteño al programa Badía y Compañía en 1985. A 20 años de su muerte, la obra del pianista y compositor se ve enmarcada por testimonios que van desde Rodolfo Mederos hasta Fernando Noy y sus hijos, pero sobre todo la película, que estará disponible gratis en YouTube, está impregnada de su música en las voces de, entre otros, Hilda Herrera, Lilian Saba y Sara Mamani.

Se cumplen 20 años de la muerte del Cuchi Leguizamón y entre las muchas actividades que lo recuerdan destaca el estreno del documental “Gustavo Leguizamón, creando la tierra”, ópera prima del productor y divulgador musical Claudio Koremblit. El eje del trabajo es la visita que el salteño hizo a Badía y Compañía en 1985; Koremblit era entonces el responsable de la producción de los contenidos musicales del programa y el rescate de ese maravilloso material funciona como punto de partida de una excursión a Salta y a la obra del pianista y compositor. Un viaje, al fin, a la esencia de su genio y figura. Una serie de testimonios enmarcan la música: de sus cuatro hijos a Fernando Noy, de Hilda Herrera a Sara Mamani, pasando por Chacho Echenique, el poeta e hijo de Manuel J. Castilla, Leopoldo Teuco Castilla, Manolo Juárez y Rodolfo Mederos, entre otros.

Dentro de su estructura ortodoxa, el documental tiene múltiples registros, como corresponde a un personaje multifacético y complejo como el Cuchi. Y dentro de esa multiplicidad –los aportes de los entrevistados, lo anecdótico, lo biográfico, el amor filial, las imágenes de Salta, la integración del creador con su paisaje- resulta deliciosa la decisión de Koremblit de priorizar la música. Se escucha mucha música, todo el tiempo: interpretada por Hilda Herrera, por Lilian Saba, por Sara Mamani, más los materiales audiovisuales de los archivos. En ese sentido, no deja provocar escalofríos en contraste con el presente la naturalidad con la que se veía, hace 35 años, un programa de televisión que reunía en vivo al Cuchi Leguizamón con, por ejemplo, el Chango Farías Gómez. “Me cansé de proponer en los canales de aire volver a mostrar mis archivos de Badía & Compañía en un programa nuevo, con aquellos mismos invitados, recordando los años en que la TV estatal tenía oídos. De ese cansancio proviene el documental”.

¿Por qué elegiste al Cuchi Leguizamón?

—Soy un adorador de la música para piano del Cuchi, tocada por él, y desde chico iba a escuchar al Dúo Salteño de la mano de mi viejo, Oscarcito, que era un melómano inagotable. Él logró que escuchara el folklore instrumental del Cuchi, Manolo Juárez, Chango, Saluzzi, Kelo Palacios, Anacrusa y otros, junto a mis predilecciones de King Crimson, Yes, Génesis, Color Humano, Invisible y Aquelarre, cuando era un adolescente. Desde que el Wincofon cayó en mi casa, no dejamos de alternar las dos vertientes como dos DJs confrontativos. A la hora de encarar el docu del Cuchi me dejé llevar por los misterios que encierra su música, la cual tiene la virtud de ser tradicionalista y vanguardista a la vez.

Hay poco material del Cuchi. Tu documental llena de algún modo un vacío.

—Como no dejó un manual o un método, en tanto no era un académico ni buscaba ser reconocido por la enseñanza de la música, hay un vacío enorme que hay que ir llenando. Ni siquiera dejó discípulos. Obviamente busqué aportar un granito de arena en ese sentido, llamar la atención sobre todo lo que se puede ampliar respecto del Cuchi. No alcanza con interpretarlo, sino que hay que investigarlo y profundizarlo. Lo del Cuchi con la armonía es de una audacia y una belleza que no tiene límites. Abre la cabeza de los oyentes, sean músicos o melómanos. Descubre la magia de los intervalos disonantes ante una audiencia que siempre escuchó una armonía del siglo XIX. Y esas ideas las trabajó primero en el piano y luego las transportó a dos voces, en los extremos de los registros agudo y grave, con un juego contrapuntístico inusitado y con acordes vocales nunca escuchados en el canto popular. Es una fuente inagotable.

El manantial de esa fuente se desliza por la película, con la determinación de los ríos de esos valles que inspiraron al Cuchi. Sara Mamani en un momento comenta cuánto le gustaban a Leguizamón las voces. Habría que agregar las letras. Siempre, al costado de la música, como complemento, tenía a mano la palabra. El canto y la poesía y también, por qué no, un hechizante relato oral en un punto equidistante de sus admirados Macedonio Fernández y Enrique Villegas. Si no fuera por el inevitable eclipse provocado por la obra de Manuel J. Castilla, el músico también hubiera destacado como poeta. El sitio donde más claramente confluyó genio musical con necesidad lírica fue el Dúo Salteño, tal vez su mayor invención. Más allá de las especificaciones técnicas (no cantar por terceras, evitar el unísono, desarrollar melodías independientes), el dúo integrado por Chacho Echenique y Patricio Jiménez fue, al fin, un extraordinario hallazgo poético. “Siempre hablaba filosóficamente del tiempo. Parecía estar volando”, dijo alguna vez Echenique.

Koremblit es el fundador del interesantísimo Archivo Armusa, banco musical-audiovisual que tiene su propio canal de YouTube, sitio en el que hasta el martes estará disponible el documental. Adelanta que tiene más material sobre Leguizamón, que agrupará en otra entrega. “En principio –señala- separé al Cuchi ‘contemporáneo’, no porque lo que escuchemos aquí no lo sea, pero su interés por Erik Satie, el surrealismo, las campanas, los trenes, su incursión en el cine y en la composición contemporánea, quedó para un apéndice, un epílogo, que pronto estará terminado y se mostrará en el Archivo Armusa. Hay, además, un testimonio, que finalmente dejé para la segunda parte, por su nivel de desamparo y consternación: es cuando habla del trabajo, de su jubilación y de la felicidad del pueblo”.

Nació el 29 de septiembre de 1917 y murió el 27 de septiembre de 2000, perdido en una nebulosa, sin memoria y con un piano desafinado. Los últimos años los pasó en su casa de Salta rodeado de hijos y de pájaros que respondían sus silbidos. Gustavo Leguizamón, creando tierra resulta una insoslayable fotografía de esa vida intensa, renacentista y, en cierto punto, inasible. El Cuchi siempre parece estar en otro lado, siempre parece habitar otro tiempo. Como se le escucha decir en la película, con esas maneras agudas y poéticas que lo caracterizaban: “Hay que estar en todas las cosas porque, en una

de esas, podés ser todas las cosas”. Lo que en otro podría sonar a pretensión o vanidad, en el Cuchi era pura metafísica.

“Gustavo Leguizamón, creando la tierra”, de Claudio Koremblit, estará disponible desde hoy hasta el martes 29 en Canal Archivo Armusa.

FUENTE: Página 12. Por Mariano Del Mazo

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