Danzas tradicionales: El Escondido

Durante el siglo XIX en todas las provincias argentinas se bailó el “Escondido”. Caracterizado como un baile practicado tanto por las clases cultas, como las populares, sus coplas son, como en todos los casos, españolas y la música, pertenece a la vieja cepa americana de origen europeo, o a una mezcla de ésta con posteriores corrientes, también europeas.

Es otra de las danzas de pareja que trajeron los europeos al Continente Americano a partir del siglo XVIII y que, readaptada a nuestra idiosincrasia, se hizo popular en la República Argentina, desde la primera mitad del siglo XIX. En muchas partes del país, se la conoce como el “Gato escondido” y es, como decimos, una danza “de pareja”, de “pareja suelta e independiente”, de carácter desenfadado, con muy acentuado tono pantomímico que hace alusión al compañero perdido.

Recordemos que el tema del “compañero perdido” es antiquísimo en Europa. La “Contradanza”, la “Cuadrilla” o los “Lanceros” lo presuponen cuando los compañeros se separan, en ciertas figuras para reencontrarse al cabo; pero en nuestro baile se trata de la pérdida más o menos realmente configurada en la acción, sin supuestos”

Pocos documentos registraron en el pasado, la presencia del “Escondido” en los salones rioplatenses. Arturo Berutti en 1882, Thomas J. Huychinson en 1863 y Lorencio Sal en su obra “Tucumán, a mediados del siglo XVIII”, son algunos de las escasas referencias a este baile que nos han llegado y tanto la música, como los versos y la coreografía que son su esencia, han llegado hasta nosotros, por simple tradición oral. Ellos, son hoy, vivos recuerdos que quedaron guardados en la memoria de viejos ejecutantes, que aún la mantienen viva, hasta en lugares donde ha caído en desuso, y que felizmente, tanto organismos oficiales, como especialistas musicólogos, han podido registrarlos por diversos medios, para garantizar su permanencia en el recuerdo colectivo.

La coreografía refiere a la presencia de dos bailarines (hombre y mujer) instalados opuestamente, cada uno de ellos en uno de los lados de un cuadrado imaginario de dos metros de lado, que permanecen a pie firme hasta que termine la introducción. Sobre el primer canto de la copla, ambos inician su marcha en forma vivaz, sueltos, erguidos, con los brazos en alto y semiabiertos; las manos a la altura de los hombros y los dedos castañeando El paso es caminado-valseado y no debe ser saltado. Tales las características de este baile que consta de nueve “tramos”: primer giro- esquina, segundo giro-esquina, tercer giro-esquina, cuarto-giro esquina, vuelta, escondimiento-búsqueda, vuelta, segundo escondimiento y búsqueda y media vuelta final (extraído de “Bailes tradicionales argentinos” de Carlos Vega).

FUENTE: El arcón de la historia argentina

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