A 62 años de la muerte de Molina Campos sus obras originales se encuentran en riesgo

Este 16 de noviembre se cumplieron 62 años de la muerte de Florencio Molina Campos, un artista tan grandioso como popular, que retrató con igual dosis de afecto, humor y pasión, la identidad gauchesca de la pampa argentina. Sin embargo, sus obras no están promovidas y cuidadas como lo merecen, de acuerdo a lo que cuenta su único nieto y heredero, Gonzalo Giménez Molina.

Su deseo es que la sede de la obra de su abuelo deje de ser el espacio que se creó en la localidad de Moreno, donde vivió la última pareja del artista, y que se propicie un lugar de exposición en la Ciudad de Buenos Aires, ya que, según subraya: “Mi abuelo era porteño, hasta el caracú”.

Es que las creaciones del artista merecen que tengan un acceso masivo, ya que el propio Molina Campos añoraba que esos paisajes que él ilustraba no fueran olvidados. “Yo les diría a los escritores, a los músicos, a los pintores: vayan a la pampa, a los montes, a las sierras y recojan nuestro inmenso caudal disperso, que aún estamos a tiempo para salvar el folklore nativo. ¡Triste será que las futuras generaciones nos pidan cuentas! ¡Triste será que no podamos decirles qué fue del gaucho y qué hemos hecho por mantener la Tradición Nacional!», aconsejaba.

El dibujante, nacido en Buenos Aires en 1891, se casó en 1920 con María Hortensia Palacios Avellaneda, con ella tuvo su única hija, Hortensia, a la que apodaron «Pelusa». El matrimonio no perduró y en 1927, Molina Campos comenzó una relación amorosa con María Elvira Ponce Aguirre, con quien estuvo hasta su muerte.

“Pelusa”, también tuvo un solo hijo: Gonzalo Giménez Molina que, con el paso del tiempo, se convertiría en el único heredero. Él desea que el Museo Florencio Molina Campos deje de funcionar en la localidad de Moreno y que se promueva la creación de un lugar de exposición en la Ciudad de Buenos Aires. En diálogo con PERFIL detalló la situación.

¿Cuál es el argumento por el cuál no se abre un espacio en la Ciudad de Buenos Aires para las obras de Molina Campos?

—Básicamente porque las autoridades, ni locales ni nacionales, de ningún signo político, se han interesado en generar ese espacio y yo no soy el dueño de las obras, que pertenecen a la Fundación Molina Campos. Mi abuelo era porteño, hasta el caracú. Eso es, justamente, lo que le dio tanta popularidad y respeto a sus pinturas, que estaban pintadas por un “porteño”, que por tener esa mirada algo “ajena” notaba rasgos que otros no veían. Nació, vivió la mayor parte de su vida, se casó dos veces, tuvo a su hija, expuso, enseñó y…vivió en Capital, en donde finalmente murió. Fue profesor de Dibujo en Colegio Nacional Nicolás Avellaneda, realizó su primera exposición en la Rural de Palermo en 1926 e incontables muestras más allí, y en otras galerías de la ciudad, integró la Peña del Tortoni y la Orden del Tornillo entre otros grupos de artistas e intelectuales porteños.

¿Existe una restricción legal para sacar las obras de donde se encuentran en Moreno?

—No, porque más allá de ordenanzas y declamaciones, tanto los terrenos, como el edificio del museo, como las obras son de la Fundación Molina Campos y en consecuencia pueden hacer con su patrimonio lo que deseen en tanto no se aparten de sus objetivos estatutarios de difusión y preservación. Lo cierto es que el Municipio, que en 60 años había dictado sólo seis ordenanzas relativas a mi abuelo, ahora maratónicamente, han dictado en tres meses, seis ordenanzas y tres proyectos de Ley a nivel provincial y nacional. Pero lamentablemente todas ellas se basan en supuestos erróneos, como que el edificio es histórico (cuando fue construido en 1979), que en esa “casona” vivió mi abuelo (que se había muerto 20 años antes), que era su deseo que las obras permanecieran en Moreno (nada más lejano), que era morenense (siempre fue y se sintió porteño), o que hubiera un legado…en fin. Ni siquiera es real que haya vivido más de 10 años en Moreno, ya que su “rancho Los Estribos” lo hizo hace 90 años ¡y a 6 km del pueblo! Era entonces el medio del campo. Y luego vivió alternando entre Estados Unidos, Vicente López y Capital, donde pasó la mayor parte de su existencia.

¿Por qué el espacio se creó en el Municipio de Moreno?

—A la muerte de mi abuelo, amigos, admiradores y su segunda mujer, Elvirita, con su segundo marido que vivían en Moreno, crearon con anuencia de mi madre la Fundación, que se nutrió de obra y luego compró los lotes y edificó el museo. Y lo hicieron en Moreno… porque era barato y allí vivía la segunda mujer de mi abuelo, Elvirita, con su segundo marido, uno de los que más colaboró para construir el museo.

¿Por qué el lugar quedó olvidado?

—Simplemente, hace 15 años, cuando yo todavía integraba la Fundación, la gente no iba al museo. Porque lamentablemente, el Municipio no propició jamás un corredor turístico, ni una zona segura. En un fin de semana largo o en un feriado iban… ¡tres autos! Pero cuando se hicieron muestras en Capital, en provincias, fueron visitadas por multitudes.

¿En dónde se encuentran las obras actualmente?

—Tengo entendido que hace años fueron retiradas del edificio del museo para preservarlas porque ya habían tenido que restaurarlas en algunos casos dos veces por el deterioro ocasionado por la humedad y la luz y tampoco contaban con alarmas ni medidas de seguridad contra robos o incendios.

¿Cuáles son los recuerdos personales de su presencia y/o los relatos sobre él que quedaron en el entorno familiar

—No llegué a conocerlo, porque se murió tres años antes que yo naciera. La verdad es que en casa se recordaba su honestidad, su decencia, su picaresco humor y, sobre todo, su conocimiento y profunda admiración y enorme respeto por la gente de campo, por su trabajo y sus costumbres, que él entendía que eran los motores del país. Y así los pintaba, con admiración, desde un punto de vista “hormiga” o “contrapicado”, proyectando la enormidad de esos hombres y mujeres de trabajo en la enormidad de la pampa.

¿Cuál sería el mejor destino para el legado de Molina Campos?

—Claramente la Ciudad de Buenos Aires, que es en donde mayor cantidad de público va a poder disfrutarla. El mismo que dejaron claramente expresado tanto su segunda mujer Elvirita, como el Profesor Ocampo, historiador, biógrafo y Director del museo durante más de 25 años, y la Señora Florencia Aguirre de Guiraldes, madre del actual Presidente de la Fundación, que junto a los Miembros Fundadores dejaron claramente establecido ante escribano y en el Estatuto que en caso que la Fundación se disolviera ese patrimonio debía pasar al Museo de Bellas Artes.

FUENTE: Perfil

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