Troilo, como hipótesis para un mapa del tango argentino

“Troilo. Una teoría del todo” es la más reciente biografía sobre el bandoneonista, compositor y director de orquesta Aníbal “Pichuco” Troilo, disponible desde el lunes en librerías, que los periodistas Mariano Suárez y Miguel Ángel Taboada escribieron partiendo del desafío de “recuperar su figura, no desde la mitología del Buenos Aires perdido sino exclusivamente desde su estatura como músico”.

Desde un tono cálido y reflexivo, el libro publicado por la editorial Mil Campanas muestra al bandoneonista y compositor nacido en 1914 en el barrio porteño de Almagro en su contexto, lo descubre como “un hijo de su tiempo” e indaga en el misterio de un músico intuitivo y autodidacta que fue evolucionando hasta convertirse en una figura de referencia y un clásico eterno del tango.

“El Gordo nos incluyó a todos. Cuando lo escuchás, sentís que su música también te pertenece a vos. Es algo muy misterioso. Y uno creería que quien consigue algo así jamás podría ser ignorado. Que no existe la posibilidad de la indiferencia. Y -sin embargo- muchas veces se observan gestos y actos desaprensivos hacia nuestra música”, expresa el músico salteño Dino Saluzzi en un pasaje del libro, que también cuenta con palabras del periodista Santiago Giordano y la pianista Leda Torres.

Consultado sobre cómo encararon este trabajo. teniendo en cuenta que tanto se ha escrito sobre su figura como emblema del ser porteño y del tango, Suárez sostuvo a Télam: “El desafío era recuperar su figura, no desde la mitología del Buenos Aires perdido sino desde su lugar de músico. En ese sentido hay un énfasis en el libro en la forma en que los músicos actuales recuperan su obra y en ese sentido les damos un desarrollo importante en el libro”.

“A la vez rechazamos la narrativa de Troilo desde un punto de vista individual. La música es siempre un hecho colectivo y Pichuco estuvo rodeado (se supo rodear) de inmensos artistas -continuó-. En ese punto, ‘Troilo. Una teoría del todo’ es una biografía formada por múltiples biografías. Luego, necesariamente, debimos narrar el país y el movimiento cultural de su tiempo que es, sobre todas las cosas, la diferencia estructural entre aquel tango y el tango de hoy”.

En ese sentido, Taboada agregó: “Incluimos unas generosas palabras preliminares de Dino Saluzzi, que no es justamente un bandoneonista tradicional de tango, y eso simboliza en dónde nos ubicamos en relación con los lugares comunes y los emblemas propios de las narrativas sobre Troilo”.

“Troilo. Una teoría del todo” está disponible en formato ebook en todos los países del mundo y las librerías del país desde el lunes. Tendrá su presentación hoy a las 20hs en el Club Social Cambalache, Defensa 1179, del barrio porteño de San Telmo.

Esta biografía escapa a los aniversarios y a una mirada caricaturesca sobre el artista y presenta un texto riguroso en el plano musical pero que a la vez se propone aportar a la comprensión de un país, un tiempo cultural y político.

Los autores, que expresan diferentes miradas generacionales pero una misma estirpe forjada en redacciones periodísticas, cuentan acá la manera como la niñez de Pichuco coincidió con la transformación del tango, y cómo cuando tuvo edad para acercarse al oficio (a los 11 años) el tango era una música en plena ebullición.

Télam: ¿Cómo surge la necesidad o la idea de escribir un libro sobre este emblema del tango?

Mariano Suárez: —Se ha escrito bastante sobre Troilo, en algunos casos muy bien. Escribir a casi 50 años de su muerte, a más de cien de su nacimiento puede observarse como un problema, porque la mayoría de los músicos que lo acompañaron ya no están y son fuentes que no pueden volver a ser consultadas. Pero también como una ventaja: la distancia temporal nos invita a despejar lo accesorio de lo principal, dejar de lado los contornos del personaje, a veces caricaturesco, que también se construyó sobre Troilo para que la mirada esté sólo su música y en el movimiento musical de su tiempo. Tratamos de hacer de la distancia temporal una virtud.

¿Cómo fue el trabajo conjunto para llegar a profundizar en diferentes aspectos de su vida, que van desde su talento y su formación –casi autodidacta-, de su aporte al tango desde el bandoneón, su progresión hacia los graves y su visión total de la música?

Miguel Ángel Taboada: —Es un músico que fue evolucionando desde 1937 hasta los principios de los años 70. Que nace con una orquesta todavía asociada al baile y avanza hacia una orquesta para ser escuchada, que sigue la línea decareana pero que la transforma, con su oído, con su buen gusto, con un estilo que habilitaba arreglos como los de Argentino Galván o Astor Piazzolla. Se convirtió en poco tiempo en el canon del tango, que logra presentarse como una síntesis de todo lo que lo precedió y el espejo en el cual mirarse para los que vinieron después.

¿Qué los sorprendió más a medida que fueron escribiendo el libro? ¿Cambió su visión de Troilo después de escribirlo?

MS: —Hay un rasgo que contrasta mucho con este tiempo de instantaneidad y ambición por la trascendencia. Troilo aparece como un músico que nunca está apurado, que construye en forma paciente. Es por ejemplo un enorme compositor, pero compone mucho menos de lo que podría. Pareciera que compone cuando no tiene a mano otro músico al que encomendarle la tarea o cuando, como en el caso de “Responso”, un suceso, como fue en ese caso la muerte de Homero Manzi, lo obliga. La música por delante.

¿El hecho de ser periodistas de generaciones diferentes enriqueció de algún modo este libro, donde queda claro que, si bien fue un innovador, nunca dejó de ser él mismo, sino que logró reinventarse manteniendo su sello propio?

MAT: —Troilo nunca dejó de ser Troilo, a pesar de trabajar con diferentes arregladores. No fue un conservador como quieren hacerlo ver algunos tradicionalistas. Pichuco fue cambiando con el paso de los años y cambiando para bien del tango. Era un músico clásico del tango. En el jazz sucedió lo mismo con Duke Ellington. No era ni moderno ni conservador. Era un clásico músico de jazz que siempre quedaba bien parado. Era, si se quiere, un purista. A los puristas les importa muchísimo el sonido propio. Troilo y Ellington están emparentados en ese punto.

FUENTE: Télam

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