Los Diaguitas: conocer, para valorar nuestras raíces

El pueblo Diaguita es originario de los Valles Calchaquies, en el noroeste argentino.

Al llegar los españoles Catamarca era habitada por los diaguitas. Eran corpulentos y de aspecto terrible, altos y fornidos. Hablaban el Kakán, luego fueron obligados a hablar en quichua con la pena de hasta «cortarle la lengua» sí utilizaban su lengua madre.

Se vestían con una túnica larga. Las mujeres solteras llevaban vestidos de color, las que no liso. Calzaban ushutas u ojotas. El cabello era una de sus mayores galas, nunca sé lo cortaban. Lo adornaban con plumas y vinchas de color. Se sabe que los españoles, para degradarlos o como castigo de sus patrones, se lo cortaban, constituyendo así una gran ofensa.

Fueron maestros alfareros. La cerámica diaguita está considerada como una de las más ricas del mundo.

Fueron excelentes guerreros, eran bravos y utilizaban todo tipo de armas. En los grandes combates también participaban mujeres y niños.

Sus viviendas eran: las casas de piedra y las de quincha y ramada. Todo direccionado para protegerse del viento.

Eran polígamos. El que se casaba con una mujer quedaba casado con las hermanas de la misma. Y si fallecía, el hermano tomaba por esposa a la viuda y las otras hermanas.

El sol era su dios principal. Creían en la inmortalidad del alma. Sus “médicos” eran magos o hechiceros.

Adoraban y respetaban a la Pachamama: madre de los cerros y los hombres, la madre de la vida.

Eran agricultores: se valían del riego artificial. Cultivaban zapallo, poroto y sobre todo el maíz. También algarroba para la añapa y la aloja.

Vivían en familia, comían y bebían de los regalos de la tierra, no necesitaban nada.

¡Los dueños de esta tierra hoy siguen vivos!

Según el Censo Nacional de Poblaciones de 2010 en Argentina reveló la existencia de 67.410 personas que se reconocieron cómo diaguitas, 5.026 pertenecen a Catamarca. Los kolla Atacama, Diaguitas y Diaguitas Calchaquí.

Las raíces llaman, la Pacha grita y espera cómo una madre amorosa que valoremos nuestra identidad.

Texto Natalia Lorena Fernández

Foto Pueblos Indígenas

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